miércoles, 30 de marzo de 2011

Nanas para Clara

Ayer se fueron mi hermanita y mi sobri, recién nacida, para su casa. Tan lejos, tan lejos, que no podemos verla crecer, ni calmarle cuando llora, ni echarles una mano para cuidarla, y que ella y el señorito D. puedan descansar de vez en cuando.

Poco se puede hacer para remediar eso, pero hoy escuchando a un monstruo, Tom Waits, me he acordado de la nana más bonita y casi seguro, la más hipnótica que jamás he escuchado, Lullaby. Se la dejo para los malos momentos.

Una cosa lleva a la otra, y así, no he podido evitar acordarme de otra, que aprendí de pequeña, en euskera, evidentemente, no en los brazos de mi madre, que no lo habla. He buscado desesperadamente una versión que me gustara pero es difícil que las nanas no pierdan su esencia cuando son cantadas ante un público que no es un bebé. Estaba a punto de desistir cuando de repente me he encontrado a Plácido Domingo cantando la nana, MI nana, Haurtxo Polita, junto a su madre que, casualmente, es de Guetaria. No es exactamente lo que quería pero la ocasión me ha parecido más entrañable, más íntima y más real que cualquier otra.

martes, 29 de marzo de 2011

Sociedad Filarmónica II: Brad Mehldau


El viernes pasado, invitadas por un buen amigo, mi hermana y yo fuimos a la Sociedad Filarmónica a ver qué nos ofrecía este pianista de jazz y si andaban por allí los socios rancios de esta nuestra querida sociedad pija. Había una mezcla divertida de gente. Los progres, hippies e intelectuales dispuestos a oir al pianista y el resto, los socios de la Filarmónica, que tenían derecho a una cantidad limitada de entradas aunque no fueran ellos quienes organizaban el concierto.

Al entrar en nuestro asiento, por descuido rocé la cabellera de una señorona que con una sonrisa (menos mal) me dijo: Ehh, cuidado, que venimos de la pelu! A mí me dieron ganas de contestarle: Cuidado tenga usted, que lleva tanta laca que ha estado a punto de rayarme mi Gucci. Pero me callé, la señora me había caído bien. Y sonreía. Puede que hubiese tomado algo porque minutos más tarde la vi caer en un profundo estado de relajación. Vamos, que se quedó dormida.

Fue un placer escuchar a este monstruo al que se compara con Bill Evans y que ha tenido el privilegio (eso dice el señorito R) de tocar con Pat Metheny, pero sobre todo fue un placer ver por primera vez en el escenario un tipo sin chaqué, con una camiseta de algodón y un pedazo tatuaje que le ocupaba todo el antebrazo, interpretando sus propias creaciones.

Yo a esta gente la veo como no-humana, tan lejos de mí y de mis capacidades que nunca me siento capaz de hacer un crítica medianamente constructiva, pero si sirve como opinión, digo (igual que en otras ocasiones lo he dicho con otros solistas) que ahora mismo cambiaría todo lo que tengo, incluido mi trabajo asegurado de por vida y excluidas las personas que quiero, por tener la manos y la cabeza de Brad Mehldau.

domingo, 27 de marzo de 2011

Sociedad Filarmónica I: recuerdos de adolescencia

Hubo un tiempo en que me extrañaba que cuando me refería con naturalidad a la Filarmónica, me encontraba gente de Bilbao que no sabía ni por asomo de lo que hablaba. Luego me fui percatando de que ese teatro, que para mí era tan familiar, se trataba de la sede de una sociedad reservada a unos pocos, y de que, en realidad, la rara era yo por acudir con 16 añitos a escuchar música clásica entre gente de la "high society" cuya media de edad superaba los 60 años.

Apenas unos pocos frikis normalmente pianistas jóvenes frecuentábamos aquella sala. En mi caso, mis padres fueron los que me apuntaron y me pagaron las primeras cuotas porque según la opinión de la profe era muy conveniente para mí. No era fácil hacerse socia, las plazas eran muy limitadas pero la edad de los socios jugaba a mi favor así que acabé consiguiendo el número treinta y algo de socia.

Existe una regla no escrita que establece que si eres de la clase alta bilbaína debes formar parte casi obligatoriamente de este chiringuito, con independencia de si te gusta o no la música clásica, y otra, que si eres mujer, debes de pasar por la peluquería antes de ir al concierto. Salvo honrosas excepciones la gente que aparecía por allí no tenía demasiada idea de lo que oía pero era obligatorio opinar: Ohh, qué maravilloso concierto, qué sensibilidad, cómo toca. Yo siempre me indignaba con los comentarios, que no dependían de si el intérprete era bueno o malo (siempre eran excepcionales!), sino de si los temas era suficientemente clásicos o románticos para los y las oyentes de pelo cano ( Chopin, Mozart, Bach, Liszt), o de si lo tenían en su colección de discos, de vinilo, por supuesto, y la versión se parecía o no a la que habían tocado. Ni siquiera yo, que estudiaba música y en algunos casos tocaba las mismas obras que ellos, podía conseguir hacer una crítica minimamente seria. Por allí pasaba gente como Jessie Norman, Richter, Pablo Casals, Victoria de los Angeles, Andrés Segovia, Rostropovich, Rubinstein, gente que hacía magia con su voz y con sus dedos y a los que únicamente se les podía achacar ( yo lo hacía internamente) que no supieran utilizar su capacidad más que para copiar, para interpretar cosas que otros habían creado, es decir, para hacer lo que hacía yo y que tanta impotencia me provocaba.

Para mí lo divertido de acudir a aquellos conciertos, salvo que tocaran algo más o menos conocido, era ver quién se dormía, o quién y en qué momento, para evitar las toses, comenzaba a abrir el caramelo de menta, de esos de papel duro que, cuando el pianista tocaba un pianíssimo, se escuchaba en la sala como el más atronador sonido, provocando el enfado de todos los de alrededor.

Que esto no desanime a nadie. Si nos olvidamos del ambiente rancio que se respira, el resto es increíble. Poder escuchar a gente como la que os he citado, del más alto nivel, en una sala pequeña y tan bonita como la Filarmónica es siempre un lujo y si tenéis la oportunidad de asistir alguna vez, no la dejéis pasar. Para quienes os gusta el jazz, dos espectaculares cantantes, Madeleine Peyroux y Stacey Kent, en breve y sin necesidad de ser socia.

viernes, 25 de marzo de 2011

Conversaciones de mierda

Odio que la gente te cuente sus problemas digestivos o intestinales a la mínima, sin ningún respeto, sin ninguna consideración, sin ninguna necesidad , sólo como tema de conversación, como si estuvieran comentando que hace un día estupendo. Pensé que había una norma clara que establece que de eso no se habla salvo que sea estrictamente necesario ( no puedo ir a trabajar, tráeme algo de la farmacia, no entres en el baño, etc...) Y es que es decirlo, y ya no me puedo quitar de la cabeza a él o la protagonista en el wáter, sentados, haciendo fuerza o no, rodeados de sus sólidos, líquidos y/o gaseosos.
Una recién llegada a la oficina: “Me voy a poner un cafecito a ver si me hace efecto. Es que soy de un estreñido….como mi madre“.
A ver, tía, estoy aquí tranquilita, tomándome un té, sin molestar a nadie. ¡Ponte el café y no me des explicaciones! ¿Es necesario de verdad que vengas a contarme cuántas veces evacúas? ¿ Y cuántas veces lo hace tu madre? ¡Ni siquiera sé cómo te llamas y vienes a contarme que a tu madre le cuesta cagar! ¿Por qué?¿ Me he metido yo contigo? ¿De verdad puedes pensar que eso puede tener algún interés para mí? ¿De verdad que no tienes otro tipo de comentario banal?
Otra que se sienta enfrente de mí pero con la que no intercambio apenas palabra porque hemos tenido una medio-bronca: “Uyy, hoy estoy que me voy por la pata abajo”
Diooooos, ¿y a mí quéee? ¿ Por qué me lo cuentas? ¿Tanto me odias? Es lunes, por Dios, todavía no me he metido contigo ¿Qué buscas, que no me pueda quitar de la cabeza tu imagen en toda la mañana???!
Hay gente que incluso llega a darte detalles de peso, forma o textura. El otro día un amigo al que quiero mucho ( y que seguiré queriendo a pesar de lo que cuento) me suelta después de haber comido, delante de un café: “Yo necesito jiñar. Voy a echar dos bombas…..”
“Noooooo ¿Por qué? ¿Por qué estropeas esta deliciosa sobremesa? ¿Y con qué intención…? ¿No puedes decir simplemente "Voy al baño"? No quiero saber si haces dos, tres o cuatro bombas. De verdad, es una información totalmente prescindible.
Yo suelo permanecer callada en estos casos para que se perciba claramente que la información digestiva 24h. no es de mi interés, pero en este caso no pude callarme: “¿Y? ¿Necesitas ayuda?” Él, no sé si cortado o no, consciente o no, me respondió con un discreto “No, gracias. Ya me organizo”.

jueves, 24 de marzo de 2011

Placeres




Me encanta hacer viajes largos en bus (o tren), aunque es necesario que se cumplan dos condiciones básicas: que tengas dos asientos para tí, y que todo el mundo que viaje en él, incluido el chófer ajuste el volumen de su radio, móvil e incluso su voz a un nivel imperceptible, al menos para mis oídos cuando escuchan la música del Ipod.

Cuando esas dos condiciones se dan a la vez, me acomodo, me pongo mi música, alta, y cierro y abro los ojos para disfrutar intermitentemente sólo de la música o de la música y el paisaje.

Alguien pensará que la situación tiene poco de especial pero para mí se concentran un par de factores fundamentales que hacen que disfrute un montón. Por un lado, la soledad. Cuando se viaja en autobús casi siempre se va sólo, yo al menos. No tienes que romperte la cabeza en dar conversación al de al lado. Pueden pasar horas y horas, con TU música y TUS pensamientos. Poco se puede hacer que no sea leer o escuchar música. La soledad en casa no es la misma. Siempre surgen cosas que hacer (ordenar esto, ver tal programa, cocinar...) que pueden distraer tus pensamientos.

Por otro lado, los paisajes increíbles, y diferentes unos de otros se suceden. Las urbanitas prácticamente sólo desde el autobús podemos encontrar espectáculos como esos que os he puesto y que se me presentaron así, sin tener que reservar ni pagar nada este finde mientras viajaba a Salamanca.

Y hoy no tengo ganas de escribir más.





jueves, 17 de marzo de 2011

Puta casualidad

Escribo en caliente. No me responsabilizo de lo que salga.

Una vez se presentó un señor inmigrante en el Ayuntamiento indignado. Quería solicitar un certificado, un informe, lo que fuera, donde se aclarara que ellos tenían derecho exactamente a las mismas ayudas que cualquier otro ciudadano y no más. Estaba harto de tener que soportar los comentarios de la gente que, sobre todo en época de crisis, les acusan de tener privilegios, de conseguir ayudas antes que nadie, de conseguir pisos antes que nadie, etc.
Hoy, en el gimnasio he tenido que morderme la lengua para no insultar, para no enfrentarme a dos pavas que hablaban exactamente en los mismos términos. Al parecer y según sus palabras habían pillado a una “morena” rebuscando en las taquillas por si quedaban euros olvidados ( Fijate, qué tragedia!!!) Que si es una vergüenza; que si no les deberían dejar apuntarse ; que si hay que prevenir antes de lamentar ; que si, claro, como es municipal y barato, se apuntan ; y que claro, como tienen todo el día libre; que si algunos se duermen en la biblioteca; que si conocen un caso de una pareja que le dieron a ella que era colombiana el piso antes que a él, que era de Bilbao, bueno no, navarro (¿eso es más o es menos?); que si las cosas se pagan con nuestros impuestos y así…..
Queridas burguesitas:
Ójala la puta casualidad, que es lo único que hace que una persona nazca en un sitio u otro, y que salga de un color más negro o más claro (Repito, la puta casualidad. No es que tengáis un derecho adquirido, que este privilegio de nacer en un país del primer mundo se compre, se herede o se consiga por méritos propios), os hubiera hecho nacer en un país como el Congo, en guerra durante décadas y hubierais tenido que escapar de ella atravesando todo África para llegar a nuestra frontera .
Ójala la puta casualidad os hiciera convertiros en inmigrantes mujeres negras en un país en crisis como España y tuvierais que salir a las calles a pedir trabajo porque por fin, despues de años en España, de presentar miles de papeles en las oficinas municipales, consulares y estatales, y de que os traten a veces como basura, habeís conseguido un permiso de trabajo. Os adelanto ya de lo que ibais a trabajar, putas.
Ójala la puta casualidad os hiciera llegar a tener que dormir en un albergue y que os echaran a las calles a las ocho de la mañana y efectivamente, no se permitiera la entrada a unas putas negras al gimnasio, no vaya a ser que roben.
Ójala la puta casualidad hiciera que ni siquiera tuvierais una plaza en el albergue y que un segurata de malas formas os echara de la biblioteca porque os habéis quedado dormidas.

Yo no estoy ciega. Evidentemente, la pura lógica (en este caso, no es la puta casualidad) me dice que hay más posibilidades de que robe en una taquilla o que se quede dormido en una biblioteca un inmigrante que un paisano, o lo que es lo mismo, un pobre que una burguesita. No me imagino a un Mario Conde o a un Jaume Matas buscando moneditas en las taquillas o robando una cartera. Eso no sería elegante.
Y la pura lógica me dice que habrá más inmigrantes que accedan a ayudas que burguesitas, por la simple razón que son, como regla general, más pobres que nosotras.
Y además la pura lógica me dice que, igual que muchos vasquitos y vasquitas se acomodan y dejan que quienes pagamos impuestos les solucionemos la vida pagandoles una renta básica, también habrá inmigrantes que lo hagan.
Pero la solución es sencilla. Si les tienen envidia, si creen que viven mejor y si quieren conseguir una vivienda de protección oficial, lo tienen fácil, dejen sus trabajos, sus ropas de marca, donen su casa si la tienen, soliciten la renta básica, apúntense al gimnasio, y a vivir!!!!